Entre la confusión y la claridad

Publicado por: maria.vargas el Lun, 23/11/2020 - 16:43
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Por: Carlos Salas.
Carlos Salas

Así como se intercalan días de sol con otros de lluvia, pasamos de la claridad a la confusión sin que tengamos ningún control sobre esos estados del tiempo, lo que es muy lógico; pero tampoco sobre los estados de consciencia que nos generan las vicisitudes propias de la existencia, lo que no es tan lógico. Al amanecer, podemos encontrarnos o con un cielo azul o con un fondo blanco de nubes bajas que oculta el paisaje. Así sea soleada la mañana, con el pasar de las horas y sorpresivamente, pueden aparecer nubes anunciando aguaceros y tormentas con sus rayos y truenos. Ya sea que nos lamentemos por el mal tiempo o que disfrutemos de los beneficios del sol y de unas lluvias moderadas, el cielo no se inquieta por nada. De la misma manera ocurre con lo que nos llena de confusión o algunas veces, por suerte, de claridad mental. De pronto nos vemos abrumados por negros pensamientos causados por ciertos hechos negativos o nos llenamos de optimismo viendo las cosas con una luz que se alumbra gracias a acontecimientos positivos, mientras que la vida sigue su curso desentendiéndose ya sea de nuestras cuitas como de nuestras alegrías.

¿Que pasamos por tiempos difíciles? A eso estamos acostumbrados y lo decimos a diario sin temor a equivocarnos. Si llegan días soleados ya sabemos que vendrán lluviosos…

Johnny Walker propuso a treinta artistas intervenir figuras de “El caminante”. Al contemplar las cuatro que me correspondieron pensé en un día soleado en el que este “gentleman” decide dar un paseo saludando a quienes se cruzan por su camino con el gesto de levantar un poco su sombrero de copa. Si de repente arranca a llover, ese gesto se transformará en el de cuidarse de la lluvia y del viento. Mis caminantes se vieron sorprendidos por el aguacero y con bastón pero sin paraguas les quedaba tan solo el sombrero para protegerse. Inevitablemente llegarán empapados a casa a tomarse un whisky junto a la chimenea, lo que tengo voluntariamente prohibido desde hace trece años… lo del trago, por supuesto.

En mi casa hay una piscina inconclusa que está llena de agua lluvia. Decidí poner cientos de bolas blancas a flotar en ella. Con el sol comenzaron a desintegrarse quedando transformadas en algo parecido a huevos de dinosaurio recién abandonados. Por temor a que las ranas se comieran los pequeños pedazos, retiré la mayor parte de ellas. De las pocas que quedaron una taponó el desagüe y en un aguacero de estos días se formó una especie de cascada que amenazaba inundar la casa. Con mi hija nos pusimos a sacar el agua. Mientras lo hacíamos teníamos en la cabeza a quienes son víctimas de inundaciones.

Pensaba instalar una escalera para revisar la canal luego de una fuerte lluvia. Di un mal paso y caí en la piscina, lo que fue motivo de ataques de risa. Alguien preguntó por mi celular. Contesté que estaba sumergido. Cuando lo encontraron en el agua se inquietaron por su estado y aconsejaron colocarlo entre arroz. Yo sabía que no le había pasado nada porque es un Huawei. Huawei ha colocado la opción de bajar fondos de pantalla con imágenes de mis obras. 

Como la lluvia o el sol se divierten causándonos confusión, así me ocurre con las cosas de mi vida. Si llueve, añoro los días cálidos; si hace sol, me preocupo por los sedientos jardines. Mientras defiendo a Trump estudio mi relación con la pintura china y encuentro notorios vínculos con mi obra. Cuando he dejado de tomar, Johnny Walker me ha obsequiado una botella de Sello Negro. Seguiré siendo tanto trumpista como uribista a pesar de tanta cosa que dicen de esos dos personajes. Lo que no puedo es volver a tomar a pesar de toda la añoranza que me ha generado trabajar con “El caminante”.