Hora de la resurrección

Publicado por: maria.vargas el Dom, 04/04/2021 - 11:22
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Por: Augusto Solano Mejía.
Hora de la resurrección

En la histórica visita que hace pocas semanas realizó el Papa Francisco a Irak, fuimos testigos, como él mismo lo dijo, de “la importancia que tiene la colaboración y amistad entre las comunidades religiosas” para que, cultivando con respeto recíproco el diálogo, se pueda alcanzar el bienestar de la sociedad.

Hoy, cuando los cristianos de todo el mundo celebramos la resurrección de Jesús como un nuevo comienzo y con la certeza de que el amor es más poderoso que la muerte, estas palabras toman aún más sentido.

La palabra resurrección proviene del latín resurrectio, creado por la iglesia cristiana para referirse al regreso de Jesús a la vida. También, coloquialmente, este término se utiliza para referirse a un proceso de renovación que permite superar a las personas, e incluso a las entidades o a las cosas, una difícil coyuntura.

Sin importar la religión, raza, nacionalidad o género todas las personas en el mundo estamos atravesando una situación en extremo difícil. Necesitamos con urgencia retomar el rumbo, entender que debemos caminar juntos hacia la construcción de un nuevo relacionamiento social en el que el amor, el respeto y la igualdad permitan una resurrección de la humanidad.

El Papá Francisco asegura que “Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los otros: cuando sabemos reír con quien ríe, y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y está a punto de perder la esperanza, cuando contamos nuestra experiencia de fe a quien está en la búsqueda de sentido y de felicidad”.

Creyentes o no, es hora de la solidaridad, del cambio frente al otro y de la búsqueda real de la igualdad.  No podemos esperar más, al 28 de marzo de este año cerca de  2,5 millones de personas fallecieron a nivel mundial como consecuencia del COVID-19, y los estragos sociales y económicos aún son muy difíciles de calcular, y por lo tanto, de superar.

La emergencia sanitaria desnudó en todos los países inmensas problemáticas económicas y sociales, que evidenciaron la desigualdad como uno de los principales impedimentos para el desarrollo sostenible que tanto invocamos.

Indiscutiblemente, es hora de sumar a esa colaboración que entre las comunidades religiosas ha promovido el Papa para generar bienestar y ampliarla a la comunidad empresarial, a la comunidad internacional y a la sociedad en general.

Sin embargo, esta colaboración no será realidad si como personas no entendemos que es desde la responsabilidad, comportamiento y solidaridad individual que se construye nuestra resurrección social. Tenemos que interiorizar que la alcanzaremos solo, y solo si, logramos unirnos para construir un nuevo comienzo que disipe las problemáticas que nos amenazan como especie.